Pues hoy me encontraba estudiando un poco debido a la cercanía de los exámenes cuando me he encontrado con un estudio que me ha hecho reflexionar bastante con respecto a la actitud y la influencia que pueden llegar a tener los docentes con respecto a sus alumnos.
El estudio, realizado por Robert Roshental y Leonore Jacobson, allá por 1968 puso de manifiesto hasta qué punto un profesor puede influenciar en el rendimiento académico de sus alumnos. A los pequeños les administraron unos test de inteligencia para luego escoger aleatoriamente a un pequeño grupo, un 20 % de ellos. A los profesores se les indicó que este grupo de alumnos eran los que mejores puntuaciones habían obtenido en dicho test y los aislaron en una clase de supuestos aventajados. Pues bien, los profesores confiaban tanto en sus alumnos y se crearon tales expectativas sobre ellos que al final se vieron cumplidas. Estos jóvenes tan prometedores, o eso le hicieron creer a sus profesores, empezaron a subir sus calificaciones en pocos meses y esa mejora se mantuvo durante varios años, hasta tal punto que cuando se les realizó otro test de inteligencia, también habían mejorado su puntuación con respecto al anterior. La forma de tratar a ese grupo, la motivación, la atención y el cariño dedicado a esos alumnos supuso este gran incremento y mejora en su vida académica.
Esto se conoce como efecto pigmalión o profecía autocumplida y por desgracia también ocurre el efecto contrario, el pigmalión negativo. Vamos, que si un profesor se crea unas expectativas negativas sobre un alumno, el estudiante caerá en su rendimiento. Esto se puede aplicar a casi todo tipo de enseñanzas y creo que los docentes le debieran dar un par de vueltas a todo esto. Porque ahora mismo me estoy preguntando cuantas veces a lo largo de mi vida he visto este efecto en compañeros o incluso en mi mismo. Eso de que sacas mejores notas con el profesor que te cae bien y cateas con el profe que te tiene manía puede tomar un rumbo diferente después de analizar un poco este famoso estudio. Incluso estoy por intentar hablar con mas de un profesor que tenía para decirle que si me hubieran motivado como es debido... A no, que el problema es que yo no iba a clase... Bueno, que la cuestión en sí es que los docentes tienen en sus manos bastante mas responsabilidad de la que podamos creer y ese trabajo se tiene que llevar día a día y es un trabajo realmente difícil. ¿Os imagináis que todos nuestros profesores nos hubieran motivado de esa forma? Supongo que nuestras vidas serían muy diferentes a lo que lo son ahora.
Os dejo aquí el enlace de un artículo sobre este efecto un poquito mas extenso y que incluso da algunos consejos a los educadores. A mí me ha gustado bastante. http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_28/INMACULADA_BANOS_GIL_01.pdf
Ahora, a darle vueltas a la historia...
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