viernes, 23 de agosto de 2013

#GraciasRaúl

Y llegó el día... Después de tres años de la marcha del "que nunca hacía nada" ayer, Raúl González Blanco, el 7, el capitán, el eterno, volvió a casa para recibir su merecido homenaje a 16 años de gloria en el Real Madrid. De repente todo se volvió magestuoso y se te llenaban la cabeza de recuerdos y me vino  esa frase de peli: "¡Oh capitán mi capitán!". Después de dos años en Alemania y uno en Qatar regreso al Bernabéu para enfundarse la que siempre será su camiseta y volver a deleitarnos con su manera de ver este juego. Una forma de entender el fútbol que hasta ayer casi se me había olvidado. Con 36 años a sus espaldas y todo conseguido en la vida nos volvió a recordar que esto del balonpié es mucho más que hacer filigranas con la pelota o hacerse multimillonario por dos horas de trabajo al día. Es el espíritu del deporte y el tremendo instinto ganador que hoy brillan por su ausencia en casi todos esos adolescentes ricachones que no paran de soltar topicazos en medios de comunicación.


El capitán salió al césped vestido de blanco, con su 7 a la espalda cedido por Cristiano y allí le esperaba su afición para no parar de gritar y corear su nombre durante los más de 90 minutos de juego que sólo sirvieron para demostrar una vez más que como Raúl no existirá otro jugador en la historia. Salió dando órdenes, repartiendo juego y como siempre hizo, mostrando esa cara de enfado cuando hay una oportunidad para un desmarque y sus compañeros no la ven. Salió al campo y volvió a recordarnos por qué somos del R.Madrid (los que lo seamos), qué significa ese escudo y cuáles son esos principios de los que ya quedan muy pocos en ese club y en toda la liga la española. 


Tuvimos la suerte de ver como esos pulgares volvían a señalar el 7 de su camiseta después de un gol y es que hizo lo mismo de siempre. "El más listo de la clase" tuvo su oportunidad para marcar un gol en su día y como era de esperar no la desaprovechó. Estuvo jugando sin balón más que con él, acechando en el área, volviendo locos a los centrales de aquí para allá y estando en el momento adecuado en el sitio adecuado, un don que sólo él ha tenido en la historia y que nos recordó que no se olvida. Nos volvió a informar que ésto del fútbol o el deporte en general no es sólo un juego. Es una forma de ver la vida, son unos valores, es un compañerismo, es una manera de sentir diferente que sólo él podía inculcar en ese vestuario.

Ahora sólo nos queda esperar a que vuelva pronto. La próxima vez no será como jugador, será como técnico o gestor de algún área
. Ayer vimos su último gol como deportista con esa camiseta. Ayer volvimos a disfrutar del fútbol y rendirnos ante el mejor jugador de la historia de nuestro país. Ayer vimos el pasado, el presente y el futuro del mejor club del mundo en una sola persona. ¡Gracias Raúl!