No es necesario decir o hablar más de lo que sucedió ayer a cuatro kilómetros de Santiago de Compostela. Hoy la tristeza invade todas y cada una de las miradas, conversaciones y noticias que nos vamos encontrando. Hoy es un día que pasará a la historia porque muchas personas lo dejaron todo en un tren que no volverán a coger nunca más.
Ante una tragedia así, nunca sabes cómo vas a reaccionar ni cómo van a reaccionar las personas a las que por mala suerte les ha tocado vivir un incidente así. Mientras ayer se sucedían las noticias y empezaban a bailar los datos, las autoridades pedían ayuda a todas esos ciudadanos que estuvieran dispuestos a donar un poco de sangre, acercar una manta a la zona del accidente o simplemente evitar utilizar el teléfono o el coche para así dejar todos los medios a disponibilidad de los equipos de emergencia. Ahí estuvo el ser humano demostrando de lo que es capaz esta especie.
En pocos minutos de hacer la petición de mantas tuvieron que sacar otro comunicado pidiendo, ésta vez a los ciudadanos, que no fueran a llevar más mantas, ni agua, ni comida. Ya estaba la zona saturada de gente intentando poner su granito de arena. El centro de referencia de transfusión sanguínea que propusieron en primer término tardó una hora en estar hasta la bandera de gente que había pensado pasar un día de fiesta y se vieron haciendo cola ofreciendo su sangre para intentar salvar una vida. En cuestión de dos horas, las autoridades sólo pedían dos tipos de grupos sanguíneos y que se acercaran únicamente las personas con carnet de donante para intentar ser un poco más ágiles. Habían dispuesto 6 puntos de donación de sangre, tanto en la ciudad de Santiago como en sitios cercanos. Todos estaban saturados y la gente que iba a las 00.00 h. les daban cita para las 6.00 h. Hicieron un llamamiento a aquellos sanitarios que estaban en su casa y en pocas horas, los hospitales estaban repletos de profesionales que disfrutaban de unas vacaciones, de un día libre o estaban en desempleo. Ningún profesional se fue a su casa en el cambio de turno, decían por Twitter los compañeros que entraban a esa noche de trabajo que no olvidarán jamás. Los equipos de emergencias funcionaron perfecta y coordinadamente evitando así que aumentara esa cifra que sube por horas desde ayer por la noche. Fue un gran y duro trabajo que por mucho que estemos entrenados para realizarlo, nadie quiere hacerlo y hay que estar ahí para sacar el máximo de ti e intentar aislarte de todo lo que te rodea, hay que salvar vidas.
Hoy el dolor va acompañado de ese orgullo por saber que el ser humano puede ser maravilloso.

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