jueves, 5 de septiembre de 2013

Análisis de un verano.

En esta ocasión no voy a realizar ninguna crítica a una decisión política, ni acontecimiento deportivo o hablar un poco sobre algún recorte de una revista de Psicología. Esta vez y con vuestro permiso, voy a hablaros un poco de mí y sobre algunas reflexiones que he podido hacer sobre lo que se planteaba como un verano difícil.

El verano empezó mal, tomando decisiones en situaciones muy complicadas que no me hicieron ningún bien. No es que no haya pisado la playa sino que ni si quiera me he acercado a ella. Los festivales de Jazz de verano que tanto me gustan han quedado para un recuerdo de lo que pudieran haber sido si hubiera disfrutado alguno. Mi situación económica no ha mejorado absolutamente nada, más bien ha empeorado. En asuntos laborales sigo igual o peor que estaba antes de empezar esta etapa estival. No he podido disfrutar de mis amigos/as todo lo que quisiera y sigo en casa de mis padres viviendo debido a mi situación económica. 

Hasta aquí todo parece horrible. Un verano para olvidar como ayer podía comentar con Mamen, pero sin embargo nada de eso. Para mí ha sido un verano magnífico. Un salto exponencial en lo que se refiere a mi propia evolución como persona. Tantas dificultades a las que enfrentarse día a día hacen que no sea fácil levantarse con ese ánimo que me gustaría y las continuas zancadillas que te encuentras por el camino no hacen augurar muchas cosas mejores, pero vuelvo a repetir, no ha sido un mal verano. 

En este verano he aprendido a vivir con esas dificultades, que al fin y al cabo sólo son eso, dificultades. He sido capaz de asimilar, de una vez por todas, que la mejor manera de levantarse bien es haciendo lo que sabemos hacer desde que somos canijos: Abrir los ojos, un buen desayuno, una buena ducha, un poco de marujeo casero con la música que te gusta o la cadena de radio y buscar cosas que hacer para no estar ni un minuto parado (y los que puedan trabajar). El resto viene por si sólo. Al fin y al cabo ese el principio de la felicidad o lo que yo creo que lleva a ella. No dejar que las "cosas feas" que vienen con la vida te quiten de hacer lo que tienes que hacer ya que eso te llevará a no poder disfrutar de las "cosas bonitas". Somos más que capaces de hacerlo al igual que al contrario, pero este verano yo he aprendido a hacer lo primero. 

De este verano me quedo con ese aprendizaje, que no me ha resultado nada fácil. Me quedo con esas grandes y felices noticias que me han llegado como la venida al mundo de nuevos miembros por parte de grandes amigas. Me quedo con los momentos vividos con mis amigos y la recuperación de alguno de ellos que estaban ausentes. Me quedo con haber conocido a personas increíbles que jamás pensaría que pudiera conocer y me hacen vivir momentos inolvidables. De este verano sólo me quedo con lo feliz que he sido y con ese aprendizaje que he tenido para serlo.




1 comentario: