sábado, 16 de agosto de 2014

El por qué de la monogamia



Leyendo esta mañana un estudio de Judith Lipton, psiquiatra del Swedish Medical Center de Washington, y David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington, que plasmaron en su libro "el mito de la monogamia", con la colaboración de grandes evolucionistas, sacan conclusiones que son dignas de dedicarle uno de mis cada vez menos frecuentes posts.

Para adentrarnos en el por qué el ser humano es monógamo hay que irse, nada más y nada menos, que hace dos millones y medio de años. En aquella época, lo que ahora es el hombre, empezaba a estilizar su cuerpo por motivos de supervivencia y comenzaba a erguirse. Esto suponía que la pelvis debía estrecharse para sujetar con firmeza todo el cuerpo sobre nuestras extremidades inferiores. El problema surgió cuando las madres tenían que dar a luz a un pequeño con un encéfalo muy grande por una pelvis mermada evolutivamente. La solución de adaptación fue sencilla. Habría que adelantar el parto para asegurar la supervivencia del nuevo ser y de la madre. El encéfalo es nuestra parte anatómica que más crece en los primeros meses de vida debido a su gran complejidad. 

Si el parto se adelantaba un par de meses suponía que el pequeño iba a ser mucho más indefenso ante los agentes externos que hay fuera del vientre materno. Somos de los mamíferos más indefensos al nacer, lo que supone que requerimos muchos más cuidados y protección que el resto. Un doble trabajo. Requiere de la atención de los dos progenitores si queremos asegurar nuestro linaje genético.  

Es muy cierto que, como hacen la gran mayoría de especies animales, la variedad de relaciones nos llama mucho la atención. El problema recae en que evolutivamente hablando, una de nuestras principales misiones en nuestra vida (por no decir la única) es perpetuar nuestro código genético. Nos dimos cuenta que la única forma realmente viable de hacer nuestro trabajo es conservando la misma pareja. Así aseguramos con más fiabilidad esa descendencia. El fuerte trabajo de conservar con vida un ser tan indefenso que lleva nuestro "libro de instrucciones" solo es viable con sus dos progenitores dando el cayo. 

En el mismo estudio se refieren a aquellos hijos que crecen sin padre, lo que les supone un problema evidente de control ante la autoridad que supone esa figura en su aprendizaje y al mismo tiempo, los convierte en grandes líderes por necesidad. Véase los ejemplos de Obama, Clinton y Lincoln. También nos hablan de los terribles problemas de afecto que sufren esos niños que son criados en centros institucionales sin ninguna de las dos figuras. 

Ahí está la explicación evolutiva de la monogamia. Ni más ni menos. También se podría hablar de temas tan importantes como son la seguridad y estabilidad emocional que una relación estable nos infiere, pero nos meteríamos en otra discusión que dejaré para otro momento. 

jueves, 17 de julio de 2014

¿Quiénes son los terroristas?

Después de varios días en los que la batalla en la franja de Gaza se recrudece día a día, no puedo evitar leer algunos artículos y sentir repudio por lo incongruente de las afirmaciones que algunos realizan.

No hay ninguna duda en que Hamás es una organización terrorista que basa sus acciones en un fanatismo religioso. Con toda la razón del mundo nos dicen que todo empezó por el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelís por parte de esta organización que impera en Palestina. Lo que ya no me cuadra tanto es que sólo se les llame terroristas a los de Hamás e Israel y su gobierno sean unos "pobrecillos" que se tienen que defender ante los ataques palestinos. Pues muy bien, por esa regla de tres cada vez que secuestren a un ciudadano/a de un país hay que montar una guerra, porque la venganza está justificada en un país tan democrático y loable como muchos periodistas nos intentan hacer ver en sus análisis. 

Los números hablan por sí solos. 1 civil muerto israelí por 219 palestinos. Ningún niño en Israel ha muerto por este enfrentamiento frente a los 46 asesinados en la franja de Gaza. Más de 100.000 personas han sido aconsejadas a dejar su hogar y tener que marcharse a no se sabe dónde, ya que todas las fronteras están cerradas a cal y canto, para que Israel haga uso de su desproporcionado armamento militar contra los ciudadanos palestinos. La ayuda humanitaria llega a cuenta gotas porque resulta que todavía puede llegar menos de lo que ya lo hacía. Israel no cesa de atacar a civiles con la excusa de que los objetivos son integrantes de Hamás, personas que se encuentran en plazas públicas, edificios y playas donde conviven con cientos de inocentes que mueren asesinados por un gobierno que ha violado  las leyes internacionales humanitarias sistemáticamente mientras los organismos internacionales miran hacia otro lado. Por no hablar de los inexcusables "daños colaterales" que alegan cuando no se acierta con los objetivos y pagan con ello niños y mayores que sólo tuvieron el delito de nacer en un tierra que otros quieren. Porque todo el mundo sabe cual es el poderío militar de Israel. Una tecnología bélica que todo militar quisiera para sí mismo aunque sólo sea para exhibirlo el día de las fuerzas armadas. Poseen un servicio de inteligencia cooperante con EE.UU. que está entre los mejores del mundo por lo que no me creo ni un sólo segundo que no saben dónde atacan. No me creo que no saben que van a matar muchos inocentes. No me creo que sólo quieran defenderse de unos ataques terroristas. Ni siquiera es un ojo por ojo ya que mientras palestina mata a 1, Israel mata a 219. Después de los datos que se ofrecen yo me pregunto, ¿quiénes son los terroristas?.

lunes, 24 de febrero de 2014

Yo me quedo con la bofetada.

Pues si. Y es que después de llevar un buen rato leyendo sobre las opiniones vertidas en todos los medios sobre el falso documental que hizo Jordi Évole y todo su equipo, creo que hace falta un poquito de cordura en todo ello.

Entiendo que haya personas que se puedan sentir ofendidas al utilizar un hecho como el ocurrido el 23-F de 1981 en forma de experimento televisivo y social. Por ello han tenido que salir varios de los protagonistas de dicho documental a dar explicaciones, ya sea para pedir un perdón del que creo que no hace falta pedir, ya sea para volver a repetir que la intención no era engañar en ningún momento. Vivimos en unos días en el que disfrutamos de poco tiempo y la información nos entra por diversos medios y millones de dedos aporreando un teclado, de los cuales no sabemos nada y mucho menos debemos fiarnos. Podemos tomar dichas informaciones como puntos de vista de una persona que está al otro lado de una pantalla pero nunca debemos darlas por ciertas. Teniendo en cuenta a los profesionales de la información, todos sabemos que la misma noticia, dependiendo de dónde la leamos y cuál sea su línea editorial, la historia cambia considerablemente y el énfasis de lo contado se pone donde más le plazca al periodista o sobre lo que le hayan dicho que debe contar. Si ésto lo sabemos sobre periodistas titulados que trabajan en grandes y prestigiosos medios de comunicación cómo podemos dar por ciertas historias que leemos en una pantalla de teléfono de vete tú a saber quien. El problema es que lo hacemos y lo hacemos continuamente. Le hemos otorgado cierto grado de credibilidad a lo expuesto en las redes sociales o porque vaya en formato blog.

De ello quiso dar fe el equipo de Salvados. Sólo tuvieron que poner a unos pocos políticos que vivieron el momento, unos prestigiosos periodistas y unos bonitos planos para que cada uno de nosotros se creyera, aunque sólo fuera por unos minutos, todo lo que nos contaban. Y fue así. Quien diga lo contrario sabe muy en su interior que miente como un bellaco. Nos dieron una lección. Casi diría que nos metieron un bofetón en toda la cara en forma de -¡ves! ¡Os lo creéis todo! - y me pareció muy bien. Que incluso periodistas de la talla de Gabilondo y Ónega se prestaran a dicha artimaña para abrir los ojos a la gente me pareció toda una clase magistral de realidad. Y lo siento mucho por aquellos que se sintieron ofendidos pero vuelvo a repetir que me pareció magistral. Simplemente magnífico. Nos duele. Porque al ser humano le cuesta ver que se está equivocando y mucho más que le han engañado y para vengarse de tal amenaza vuelco toda mi ira en las susodichas redes sociales detrás de un perfil que me otorga un cierto anonimato y con ello una buena barrera para decir lo que me plazca. El ser humano es así. Yo prefiero quedarme con la bofetada, disfrutarla y aprender de ella, como debiera pasar con todas las bofetadas que se reciben.



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