lunes, 24 de febrero de 2014

Yo me quedo con la bofetada.

Pues si. Y es que después de llevar un buen rato leyendo sobre las opiniones vertidas en todos los medios sobre el falso documental que hizo Jordi Évole y todo su equipo, creo que hace falta un poquito de cordura en todo ello.

Entiendo que haya personas que se puedan sentir ofendidas al utilizar un hecho como el ocurrido el 23-F de 1981 en forma de experimento televisivo y social. Por ello han tenido que salir varios de los protagonistas de dicho documental a dar explicaciones, ya sea para pedir un perdón del que creo que no hace falta pedir, ya sea para volver a repetir que la intención no era engañar en ningún momento. Vivimos en unos días en el que disfrutamos de poco tiempo y la información nos entra por diversos medios y millones de dedos aporreando un teclado, de los cuales no sabemos nada y mucho menos debemos fiarnos. Podemos tomar dichas informaciones como puntos de vista de una persona que está al otro lado de una pantalla pero nunca debemos darlas por ciertas. Teniendo en cuenta a los profesionales de la información, todos sabemos que la misma noticia, dependiendo de dónde la leamos y cuál sea su línea editorial, la historia cambia considerablemente y el énfasis de lo contado se pone donde más le plazca al periodista o sobre lo que le hayan dicho que debe contar. Si ésto lo sabemos sobre periodistas titulados que trabajan en grandes y prestigiosos medios de comunicación cómo podemos dar por ciertas historias que leemos en una pantalla de teléfono de vete tú a saber quien. El problema es que lo hacemos y lo hacemos continuamente. Le hemos otorgado cierto grado de credibilidad a lo expuesto en las redes sociales o porque vaya en formato blog.

De ello quiso dar fe el equipo de Salvados. Sólo tuvieron que poner a unos pocos políticos que vivieron el momento, unos prestigiosos periodistas y unos bonitos planos para que cada uno de nosotros se creyera, aunque sólo fuera por unos minutos, todo lo que nos contaban. Y fue así. Quien diga lo contrario sabe muy en su interior que miente como un bellaco. Nos dieron una lección. Casi diría que nos metieron un bofetón en toda la cara en forma de -¡ves! ¡Os lo creéis todo! - y me pareció muy bien. Que incluso periodistas de la talla de Gabilondo y Ónega se prestaran a dicha artimaña para abrir los ojos a la gente me pareció toda una clase magistral de realidad. Y lo siento mucho por aquellos que se sintieron ofendidos pero vuelvo a repetir que me pareció magistral. Simplemente magnífico. Nos duele. Porque al ser humano le cuesta ver que se está equivocando y mucho más que le han engañado y para vengarse de tal amenaza vuelco toda mi ira en las susodichas redes sociales detrás de un perfil que me otorga un cierto anonimato y con ello una buena barrera para decir lo que me plazca. El ser humano es así. Yo prefiero quedarme con la bofetada, disfrutarla y aprender de ella, como debiera pasar con todas las bofetadas que se reciben.



.

No hay comentarios:

Publicar un comentario